domingo, 12 de octubre de 2008

El jardín de las delicias

¿De qué hablarían Kofi Annan, ex secretario general de la ONU, y el presidente español Jose Luis Rodriguez Zapatero sentados delante de la obra maestra del Bosco? Seguro que de algo banal, mientras esperan estar a solas para tratal de lo sustancial.

Por Juan José Millás




Sin duda habrán escuchado ustedes la historia de aquellos dos aborígenes de un pueblo de África a los que un antropólogo retrataba con la polaroid y luego les enseñaba la foto preguntándoles qué veían. Y lo que veían, sorprendentemente, era una gallina que pasaba por detrás en el momento del disparo. No se veían a sí mismos aunque estaban ahí, en el primer plano de la imagen. Qué curiosa esta capacidad para anular lo evidente inútil, y esa sabiduría sin embargo, para distinguir lo significativo periférico. Y lo significativo, lo básico, lo que importaba, era el huevo frito que con suerte cenarían esa noche. Recordábamos aquella historia al contemplar la fotografía de estos dos aborígenes en las páginas del periódico. ¿qué responderían Zapatero y Annan si se les hiciera la pregunta del antropólogo? Sería fantástico que no se vieran a sí mismos, que sólo tuvieran ojos para el cuadro del Bosco. Estaría bien que Rodriguez Zapatero dijera que se trata de una foto del jardín de las delicias y que le explicara cúal es el significado de todas aquellas formas globulosas a las que era tan aficionado Hieronymus Bosch. Resultaría sorprendente que en vez de fijarse en sí mismos -dos figuras convencionales en posturas convencionales, quizá manteniendo una conversación banal- distinguieran asombrados el tríptico que tienen detrás, del mismo modo que los aborígenes africanos descubrían la gallina. Ahora bien, las gallina está en su sitio mientras que aquí hay algo que no encaja. O sobran los aborígenes o sobra el cuadro. Decida el espectador.

Foto de Gorka Lejarcegi. El Pais Semanal, 2008