martes, 10 de marzo de 2009

mirar dentro



5 de enero de 2004
après la pluie

Ernesto Salvatierra busco durante años la transcripción correcta a papel de la realidad que le envolvía. Lo último que retrató fueron las nubes, espuma del universo. Fijando sobre la materia el constante cambio.

Lo veía todo tras su ventana. Le apenaba que la belleza que veía se perdiera. Por eso trataba de recortala. La describía con palabras. La copiaba, la mejoraba (creía mejorar la realidad). A veces de su cajón saltaban una gran amalgama de huellas y fósiles muertos. Era un gran cementerio de una gran belleza. Le gustaba mirarlos para saber quien era, quien había sido, qué era lo que había visto con sus propios ojos, Ernesto Salvatierra.

Sobre el cajón de imágenes desordenadas cronológicamente, un espejo colgaba de la pared. Este espejo repetía las todas las imágenes que se enfrentaban a él, pero sólo unos ojos valientes podían verse a sí mismos.

Pasaron los años y todo lo describible fue descrito. Cuando terminó de esta ardua labor se deshizó del equipaje. Se sintió libre, rejuvenecido, infantil, libre de su destino. Enterró definitivamente sus fantasmas, que se alejaron en paz, y buscó una nueva estrella.