jueves, 28 de enero de 2010

S.S.


"Ciertamente su luz nos deslumbra, pero podemos asimiliar una parte de esa luz como el árbol con la clorofila". Sender, otra vez.

O.L.


"Por cada sombra hay una luz, por cada luz un reflejo, por cada reflejo un vidrio o una gota de agua que lo descompone". Sender.

domingo, 24 de enero de 2010

corteza



"Corteza" era el mantra de Salvatierra. Lo golpeaba con la mente hasta que desaparecía.

viernes, 15 de enero de 2010

constelación



La primera vez que vi la tela terminada me recordó al Guernica y a Picasso. Por el tono, por el tamaño, y por el enfrentamiento entre el pintor y el modelo. El modelo puede dejarse hacer, entregarse y rendirse, pasar indiferente o entrar en su contradicción y luchar. Puede mirar de frente, provocar o eludir mirando para otro lado.

Cuando al principio me dispuse ante él, yo reía. Hacía años que no me retrataba y me sentía como un niño. Me miraba persiguiendo los primeros rasgos de sombra y luz. “Luego la gente se cansa de reir” me confesó. Cuesta mantener el mismo sentimiento durante una sesión de retrato aunque sea breve. Aún así, estuve sonriendo un buen rato. Después vi aparecer mi rostro entre las pinceladas y acabé sucumbiendo a la seriedad. En la fotografía el instante perecedero y fugaz es lo que permanece. Si la verdad no fuera tan relativa me gustaría creer que en la pintura los rasgos vitales e incorruptos del retratado son los que se plasman en el lienzo por la propia temporalidad inherente del proceso.

La mirada de David recorre sucesivamente la persona, la paleta, el color, la tela, el rostro, la paleta, la superficie… Desvela los rostros que salen de la niebla. Todos tienen diferente luz cambiante y esa suma me maravilla. Tiempo y acumulación de pinceladas en el mismo espacio con una multitud de variables que se definen en algo. Como en un rostro más verdadero y esencial causado por el proceso de feedback que depura las formas. Nada se acaba. Se da por concluido y se deja.

En la tela queda el conjunto de todas las personas, en días y lugares diferentes, eliminando la coherencia de la luz sin ningún pudor. El lienzo se acepta tal y como es, con las luces cambiantes de los rostros en un mismo cuadro. Ha obviado lo racional, permitiendo liberar la mancha.

Las personas que posamos para David formamos parte una imagen que sirve de mapa y de diario detallado de su proyecto. Nos posiciona próximos unos a otros, retratados en una misteriosa constelación que gira alrededor del pintor.

Y esto nos lleva a pensar que lo realmente importante ocurre fuera del lienzo. El proceso es la finalidad y la finalidad es el proceso. El lienzo es el anclaje que nos recuerda lo que pasó.

Es un regalo. Un espejo donde mirarse.

Pintura en estado puro.

Ernesto Salvatierra para el proyecto "el proceso en el otro" de David Adiego.
29 de Diciembre de 2009

jueves, 7 de enero de 2010