viernes, 8 de octubre de 2010

adivinanza


Sucedió una noche (hace una semana) que un sapo vino a casa a visitarnos. Yo, temeroso por un cuento que leí el mismo día fui incapaz de echar al sapo (que yo diría que era una rana). Le agitaba cosas para asustarla en el quicio de la puerta y ni siquiera pestañeaba. Finalmente mi querida madre optó por empujarla. No es que yo no hubiera podido hacerlo, ya que no me dan asco y esas cosas (que de hecho si me lo dan), pero también me apenaría lastimarla...

El cuento es el siguiente:

- Cuando el monje sale, los sapos entran en el templo. ¿Cuándo entran los sapos en el templo?
- ¡Muy fácil, Maestro: los sapos entran en el templo cuando el monje sale!
- ¡Necio!
- Pero usted mismo me lo dijo: cuando el monje sale los sapos entran…
- ¡Torpe!
- ¡Entran cuando tienen calor y buscan la sombra!
- ¡Tramposo!
- ¡Entran cuando el monje olvida cerrar la puerta!
- ¡Iluso!
- ¡Entran cuando saben que allí dentro se pueden iluminar!
- ¡Intelectual, aprende a morir!
- ¡Los sapos nunca entran en el templo porque el monje no lo abandona jamás!
- ¡Eso!

(http://ojodoro.net/)