martes, 12 de marzo de 2013

el personaje equivocado


Se encontraban serpenteando unas ruinas que servían como escenario del juego.
El grupo se iba disolviendo conforme sus participantes se quedaban en sus puestos esperando la llegada del jugador. Algunas veces un fino hilo blanco separaba los espacios e indicaba el camino. Ernesto estaba preocupado. Su responsabilidad era la del último personaje. Su encuentro final desvelaría el destino del protagonista. Pero Ernesto caminaba con el grupo nervioso al lado de Dalia.

¿Y qué debo decirle?, preguntó Ernesto.
¿No te has leido el guión?
Sí, pero no me acuerdo...

Dalia evadió la respuesta hasta que llegó su turno y se dispuso en su lugar.
Ernesto continuó esquivando un hilo que delimitaba el laberinto y al torcer se encontró por fin en el último habitáculo oscuro. Sin salida, contempló como a su lado, estaba un compañero recostado en una cama y tapado. No osó preguntarle. Ya no había tiempo. El participante estaba al llegar. Ernesto se echó en el suelo como su personaje requería.

Llegó el jugador, conocedor de que era el último encuentro. El que pondría fin al juego.

Ernesto reptó en el suelo como animal de las profundidades. No sabía qué decir, pero su boca esputó.

- Has equivocado tu personaje. ¿Quieres conocer tu final? El personaje principal debe ser personaje secundario...

El jugador retrocedió unos pasos. Con la incomprensión y la desesperación en su rostro desapareció por donde había entrado.

Sólo quedó la tenue y húmeda oscuridad con su compañero durmiente y desperté.

(He soñado este juego de rol, donde un protagonista recorre sus aventuras a través de unas ruinas, y donde se encuentran los personajes que le guían hasta el final. El personaje secundario es el personaje principal. El personaje principal es personaje secundario...).