martes, 2 de junio de 2009
Viaje en ascensor
Ernesto busca en los viajes de ascensor que sus ojos se miren directamente y simultáneamente durante largos intantes. El derecho mira a su reflejo derecho y el izquierdo al izquierdo (parece fácil pero requiere entrenamiento). Por lo general los dos ojos se dirigen hacia el mismo punto. Así realmente se encuentran frente a frente y el tiempo se alarga hacia la eternidad.
la mirada única

La visión con los dos ojos dispuestos en el plano horizontal nos condiciona en la acomodación de soportes con una tendencia a lo horizontal, con dimensiones a lo 3:2, etc... Una visión tuerta, con un sólo ojo (una sola mirada única) nos abría estimulado unas dimensiones cuadradas o circulares. Y los soportes verticales son la consecuencia de un fuerte contenido espiritual.
Curiosamente cuando fotografiamos mirando por el visor de una cámara de paso universal obligamos a nuestro ojo a trabajar el doble y a recorrer una imagen que luego recorreran los dos ojos juntos.
La capacidad visual se encuentra situada en el hemisferio derecho del cerebro. Quizás por eso en el curso con Mellado coincidimos 3 personas sordas del oido derecho. Al oir sólo por el izquierdo desarrollamos más el hemisferio contrario.
Somos en nuestra proporciones naturales evolucionados de tal manera que los codos permitan que nuestras manos nos rasquen la nariz o quizás la tripa.
viernes, 24 de abril de 2009
Asfalto y cambios de plano

Un recuerdo de Ernesto Salvatierra de cuando era niño: la gente se sentaba a las puertas de las casas en Casetas. La gente se sentaba a contemplar el tiempo pasar. Los pájaros, las personas, los saludos, los perros, las plantas que respiraban. Sin asfalto, sobre la tierra de verdad. El sol se hacía más amable al atardecer. Esa imagen que la gente buscaba, ha desaparecido. La gente, para ver coches, ruidos y negro asfalto se mete en sus casas. Buscando otras imágenes manofacturadas en televisión, con un código manido, fácil y rápido, con un tiempo que se escapa en cada cambio de plano.
La gente se pasaba horas comtemplando el mismo paisaje.
miércoles, 25 de marzo de 2009
juego de espejos
Grados de la poesía lírica
PESSOA [texto dactilografiado, tal vez 1930]
El primer grado de la poesía lírica es aquel en que el poeta, de temperamento intenso y emotivo, expresa espontánea o reflexivamente ese temperamento y esas emociones. Es el tipo más vulgar del poeta lírico; es también el de menos mérito, como tipo. La intensidad de la emoción procede, en general, de la unidad del temperamento; y así este tipo de poeta lírico es en general monocorde, y sus poemas giran en torno de determinado número, en general pequeño, de emociones. Por eso, en este género de poetas, es vulgar decir, porque con razón se señala, que uno es “un poeta del amor”, otro “un poeta de la saudade”, un tercero “un poeta de la tristeza”.
El segundo grado de la poesía lírica es aquel en que el poeta, por ser más intelectual o imaginativo, o puede incluso que sólo por más culto, no tiene ya la simplicidad de emociones, o la limitación de ellas, que distingue al poeta del primer grado. Este será también típicamente un poeta lírico, en el sentido vulgar del término, pero ya no será un poeta monocorde. Sus poemas abarcarán asuntos diversos, unificándolos no obstante el temperamento y el estilo. Siendo variado en los tipos de emoción, no lo será en la manera de sentir. Así un Swinburne, tan monocorde en el temperamento y en el estilo, puede con todo escribir con igual relieve un poema de amor, una elegía mórbida, un poema revolucionario.
El tercer grado de la poesía lírica es aquel en que el poeta, aun más intelectual, comienza a despersonalizarse, a sentir, no ya porque siente, sino porque piensa que siente; a sentir estados de alma que realmente no tiene, simplemente porque los comprende. Estamos en la antecámara de la poesía dramática, en su esencia íntima. El temperamento del poeta, sea cual fuere, está disuelto por la inteligencia. Su obra será unificada sólo por el estilo, último reducto de su unidad espiritual, de su coexistencia consigo mismo. Así es Tennyson, escribiendo por igual “Ulysses” y “The Lady Shalott”, así, y más, es Browning, escribiendo lo que llamó “poemas dramáticos”, que no son dialogados, sino monólogos revelando almas diversas, con las que el poeta no tiene identidad, no la pretende tener y muchas veces no la quiere tener.
El cuarto grado de la poesía lírica es aquel, mucho más raro, en que el poeta, más intelectual todavía, pero igualmente imaginativo, entra en plena despersonalización. No sólo siente, sino que vive, los estados de alma que no tiene directamente. En gran número de casos, caerá en la poesía dramática, propiamente dicha, como lo hizo Shakespeare, poeta sustancialmente lírico elevado a dramático por el asombroso grado de despersonalización que alcanzó. En uno o en otro caso continuará siendo, aunque dramáticamente, poeta lírico. Es ese el caso de Browning, etc.(ut supra). Ni el estilo define ya la unidad del hombre: sólo lo que en el estilo hay de intelectual la denota. Así es en Shakespeare, en quien el relieve inesperado de la frase, la sutileza y la complejidad del decir, son la única cosa que aproxima el hablar de Hamlet al del Rey Lear, o el de Falstaff al de Lady Macbeth. Y así es Browning a través de los “Men and Women” y de los “Dramatic Poems”.
Supongamos, sin embargo, que el poeta, evitando siempre la poesía dramática, externamente tal, avanza todavía un paso en la escala de despersonalización. Ciertos estados de alma, pensados y no sentidos, sentidos imaginativamente y por eso vividos, tenderán a definir para él una persona ficticia que los sintiese sinceramente (...)
miércoles, 18 de marzo de 2009
domingo, 15 de marzo de 2009
mus

Todo aquello que el ser humano puede ver, contiene estética como una de sus propiedades. El concepto de estética en sí mismo, podríamos entenderlo como la ciencia que estudia las teorías de la belleza, que a su vez, por ser interpretable, ha dado lugar a corrientes que abarcan desde la filosofía a la sociología y la psicología. La estética es algo, como vemos, omnipresente en nuestras vidas, seamos o no conscientes de ello.
Si además, decimos que la estética es una ciencia, y entendemos por ciencia el conocimiento de las cosas por sus causas y su sistemática, podríamos pensar que la estética puede establecer unas leyes conforme a lo que es bello.
Estas afirmaciones, que se podrían razonar de forma lógica y desarrollada, habran despertado en vd. un sentimiento de duda más que razonable.
¿Qué es lo bello?
Quizá haya determinados contextos en los que sea posible enunciar unas normas conforme a la estética, pero, conforme al objeto de este texto (la creación plástica), está claro que no. El arte, y más concretamente el arte visual, es una de las obras del ser humano que, teniendo un poderoso vínculo con la estética, no acata normas, ni reglas, permanece indómito y siempre puede cuestionarse. Entonces... ¿qué es el arte?. Todavía nadie ha sido capaz de enunciar una definición convincente y, lo que es más importante, que englobe todo lo considerado "producción artística". El fotógrafo y teórico Joan Fontcuberta, dijo que la imagen es tán grande como el espectador; el mismo Platón, en su propuesta de sociedad ideal, sujeta a la razón pura, proponía eliminar la fábula, la poesía y otras artes imaginativas, por sustituir la verdad por lo inventado, por alejarse de lo razonable.
Parece que el arte es un estímulo que solo se da si es contemplado con una clara predisposición a buscar las huellas de lo que no es razonable, de lo que no se preve, de lo que corresponde al terreno de la locura, de lo irracional, de lo espiritual.
Todas las culturas, a lo largo de la historia, han producido algo que llamamos arte, y que, entre otras cosas, representa la esencia de las mismas. Es un denominador común. Sin embargo, no toda expresión artística nace del puro impulso del artista por materializar un sentimiento, que es la parte que aqui nos ocupa. Esa forma de arte, la que no tiene otra misión que la de satisfacer un deseo de trascender de lo físico y cotidiano, es la que nos hace humanos. Probablemente, no hay diferencias entre las Meninas de Velázquez y la "fuente" de Duchamp si el espectador es capaz de olvidar sus prejuicios y centrarse en lo espiritual de la obra, en lo que se esconde tras su apariencia física. Cuando todo lo que nos rodea responde a una estética, no se percibe, es como si lo estético no estuviera (como un sonido constante que no es percibido, puesto que no hay punto de referencia), es entonces cuando, algunos, tenemos la necesidad de materializar algo que nos permita llegar a ese estado. En este caso; el arte como acto o pensamiento, es fruto de la ausencia estética.
Al igual que no percibimos un sonido constante hasta que éste no desaparece (percibimos su ausencia), quizá solo podamos llegar al arte a través del no-arte, de su negación, de su exterminación.
En ocasiones, para decidir si algo es o no es una obra de arte, basta con la imposibilidad de razonar que no lo es, y esto a veces pasa.
Corbeau, lunes, 01 de octubre de 2001, 13:04:42.
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