jueves, 20 de agosto de 2009

personas, imágenes, conciencia



la imagen que cada uno crea es un reflejo de su conciencia.
La imagen que cada uno ve es el reflejo de su conciencia.

Una imagen, un mensaje.
La personas somos imágenes, luego cada persona es un mensaje.

volvemos a empezar

miércoles, 8 de julio de 2009

s.g.



10-09-2003

Como cada septiembre empiezo a escribir una especie de diario. Esta vez voy a narrar los hechos que acontecieron poco antes de comprarme el coche.
Un día antes, creo recordar, cogí la furgoneta de mi madre para llevarle al mecánico. La razón de la visita era un cambio de una pieza de la dirección. Al principio no lo percibí. Una sombra reboloteó por el retrovisor. Me pareció un murciélago, como los que ví la semana pasada en los corrales de la casa de Bea en Serrate. Me asusté. Sus alas revoloteaban hacia la ventana.
El pájaro buscaba una salida desesperadamente. Detuve la furgoneta. Abrí la puerta trasera. Allí estaba inmovil.
Mi mano lo acarició un momento. Salió volando al instante hacia el oeste con el viento a favor.

Un día más tarde a la mañana era un día especial. Iba a comprarme mi primer coche. Dejé entrar a Rufo.
Rufo es un gato que recogí de la calle una noche en las calles de Zaragoza. Entonces era un gato pequeño y más o menos gracioso.
Con el Tiempo su cuerpo y su cabeza fueron haciéndose más grandes, al contrario que su cola, erectil y esquelética.
Le dejé entrar, como digo, para que tomara su desayuno. Yo estaba algo nervioso, por no decir bastante.
Rufo, en una de mis ausencia, tomo un trozo de carne de encima de la cocina. El sabe como yo, creo, que ese no es su lugar. Así que decidió bajarlo al suelo para comérselo más alegremente. Al verlo me invadió la furia y la rabia. Le dí una patada. Desapareció instantaneamente, como "arte de magia". Y yo no sabía donde estaba. Recapacité, pero ya era tarde.

Fuí a buscar mi coche. Realizar los papeles. El coche debía ir a nombre de mi madre, así que como ella estaba durmiendo por ir a trabajar de noche, yo, más mosqueado todavía, porque me dijo el día anterior que vendría, acabé falsificando su firma de buen gusto para poder realizar el papeleo.
Por la noche un pájaro gris con una raya amarilla como el que ví dentro de la furgoneta, estaba en las fauces de Rufo.
Mi hermano lo vió primero y comento: uno que ha caido.
Al día siguiente le pedí perdón al gato. Pareció perdonarme. Lo dejé entrar de nuevo, pero repitió su acción el la cocina con un filete ya hecho. Cuando lo hemos visto, lo hemos ahuyentado. Algo me dice que era demasiado tarde. Salió corriendo, esta vez era evidente como corría...me he comido la mitad del trozo. La otra mitad se lo ha comido la otra gatica. Aggata. No para de enseñar el culo con su espumosa cola. Es muy pesada.

El 9 de Septiembre del año 2003. Ahora es la noche del 10. Una luna llena, grande redonda cerca de Marte más cerca que nunca.

11 de Septiembre. Me gusta pensar en el trabajo que hacen los astros para que todo vaya variando.

El camino de los artistas, dejan huellas inmediatas de lo que ven. Pasado, presente, futuro. Son espectadores y actores. Los más conscientes.
Izquierda pensamiento. Derecha intuición.
Yo he perdido esa esperanza. dejo que me mezca el viento. Pero algo me alienta y me dice despierta. Haz tu camino.

jueves, 25 de junio de 2009

Sobre "la figura de la ausencia"




" Decían que el suelo se hundía bajo sus pies. ¡Como si hubiera algo más magnífico que sentir que el suelo se hunde bajo los pies!"
Gustav Meyrink, El Golem.

"No conocemos lo que vemos", me decía Rubén. Y yo sólo podía asentir. Siempre hemos huído de la identidad de las imágenes, siempre hemos pretendido que la representación sea la cosa representada. Para conocer, para hacer posible al mundo, extraemos de su superficie escenas planas, mapas sustitutorios.
La fotografía no es un registro de verdad, es una metáfora que nos canjea experiencia por papel impresionado. Fotografiamos ausencias, no presencias. Lo que nos queda es totalmente distinto a la memoria; es como la huella de un perro en el cemento de la acera, como una jarrilla de cerámica en la que alguien en Cuenca ha escrito "Cuenca".
Tenemos miedo, miedo del abismo que se abre cuando acotamos los límites de una imagen, cuando ya no nos tragamos la falacia de que alguien nos mira desde un cuadro en la pared. Es esta falacia la que nos hace sonreír ante las pantallas, la que nos hace crédulos.
Y cuando hemos perdido la fe en las imágenes ¿qué nos queda?. Pienso en Robert Frank: las distancias, relaciones entre ellas. En las fotos de Rubén, tan desnudas, los retratados se enfrentan con confianza a su "ausencización", a la resignada mutación en algo diferente a sí mismos. Estas mutaciones, como objetos presentes, establecen mediante una ubicación (un montaje, me alegra incluir esta palabra) diálogos misteriosos con otra; diálogos entre imágenes casi autónomos con respecto a sus referentes. Quizá en ello haya algo de poética...Pero lo que a mi me interesa es lo indecible de esa relación, el enigma que el "magnetismo" entre dos presencias nos plantean. Como borradores para que, al fin, la eme con la a no sean ma nunca más.

De JAVIER AQUILUÉ para la exposición en San Sebastian

hipoacusia, acúfenos y alopecia



Ernesto sabía desde su infancia que un paralelismo se encontraba entre Goya y Beethoven ¿pero qué?. Fueron contemporáneos y murieron con un año de diferencia. Su gesto enfadado y su pelo desmelenado les hacia similares. Pero había otra cosa en común que explicaría todo lo demás: la sordera que les afectó conforme fueron envejeciendo. Síntomas claros producidos por los acúfenos son la falta de sueño y la irritabilidad.

A Goya le costaba dormir y se colocaba un sombrero con velas para trabajar en la noche.

martes, 2 de junio de 2009

Viaje en ascensor

Ernesto busca en los viajes de ascensor que sus ojos se miren directamente y simultáneamente durante largos intantes. El derecho mira a su reflejo derecho y el izquierdo al izquierdo (parece fácil pero requiere entrenamiento). Por lo general los dos ojos se dirigen hacia el mismo punto. Así realmente se encuentran frente a frente y el tiempo se alarga hacia la eternidad.

la mirada única


La visión con los dos ojos dispuestos en el plano horizontal nos condiciona en la acomodación de soportes con una tendencia a lo horizontal, con dimensiones a lo 3:2, etc... Una visión tuerta, con un sólo ojo (una sola mirada única) nos abría estimulado unas dimensiones cuadradas o circulares. Y los soportes verticales son la consecuencia de un fuerte contenido espiritual.

Curiosamente cuando fotografiamos mirando por el visor de una cámara de paso universal obligamos a nuestro ojo a trabajar el doble y a recorrer una imagen que luego recorreran los dos ojos juntos.

La capacidad visual se encuentra situada en el hemisferio derecho del cerebro. Quizás por eso en el curso con Mellado coincidimos 3 personas sordas del oido derecho. Al oir sólo por el izquierdo desarrollamos más el hemisferio contrario.

Somos en nuestra proporciones naturales evolucionados de tal manera que los codos permitan que nuestras manos nos rasquen la nariz o quizás la tripa.

viernes, 24 de abril de 2009

Asfalto y cambios de plano


Un recuerdo de Ernesto Salvatierra de cuando era niño: la gente se sentaba a las puertas de las casas en Casetas. La gente se sentaba a contemplar el tiempo pasar. Los pájaros, las personas, los saludos, los perros, las plantas que respiraban. Sin asfalto, sobre la tierra de verdad. El sol se hacía más amable al atardecer. Esa imagen que la gente buscaba, ha desaparecido. La gente, para ver coches, ruidos y negro asfalto se mete en sus casas. Buscando otras imágenes manofacturadas en televisión, con un código manido, fácil y rápido, con un tiempo que se escapa en cada cambio de plano.

La gente se pasaba horas comtemplando el mismo paisaje.